10 rasgos que Rocío Flores ha heredado de su abuela

El 1 de junio se cumplen 17 años de la muerte de Rocío Jurado. Una de las cantantes más todoterreno que han nacido en nuestro país. Una artista que enalteció la copla y paseó el nombre de Andalucía dentro y fuera de nuestras fronteras. Aunque ha pasado mucho tiempo desde que la de Chipiona nos dejara, no la hemos olvidado. Menos aún ahora, cuando su nieta Rocío Flores se juega el todo por el todo en la recta final de ‘Supervivientes 2020’.

El nacimiento de Rocío hizo abuela a la Jurado a los 52 años

Millones de españoles hemos visto crecer a la hija de Antonio David Flores y Rocío Carrasco. La hija mayor de la pareja vino al mundo el 13 de octubre de 1996. Su abuela tenía entonces 52 años y estaba en lo más alto de su carrera. La artista nunca deseó que su hija se convirtiese en madre tan joven, con tan solo 19 años, pero lo cierto es que la llegada de la pequeña Rocío fue una bendición para la familia. La niña, de preciosos ojos verdes, había heredado gran parte de los rasgos físicos de su abuelo, Pedro Carrasco. Pero también llevaba en los genes mucho del poderío de los Mohedano. Unos aspectos de su carácter que no hemos descubierto hasta que no ha entrado en el ‘reality’ de Telecinco.

Lo que tienen en común las dos Rocío

Porque ha sido gracias al concurso cuando hemos podido conocer mejor la manera de ser de Rocío. A lo largo de 14 semanas de programa ha salido a flote su personalidad. Una personalidad que, innegablemente, ha heredado de Rocío Jurado. Si algo ha definido la conducta de la joven en estos casi tres meses de concurso ha sido su lealtad a sus seres queridos, sus férreos valores familiares, la pasión con la que quiere a los suyos, lo honesta que es al relacionarse con los demás… Sincera, clara, tajante cuando la situación lo requiere, sensible y muy cariñosa. Así es Rocío Flores. Y así era también su venerada abuela. Y es que de casta le viene al galgo: imposible negar que los genes de la matriarca corren por sus venas.

Los primeros años de Rocío Flores junto a los Mohedano

Además de los genes, el entorno en el que se crió la joven favoreció un contacto permanente con su familia. Durante sus primeros años de infancia, Rocío Flores mantuvo contacto muy frecuente con su abuela, con su entonces marido, José Ortega Cano, así como con su tío Amador Mohedano y su mujer, Rosa Benito, y las hermanas de la cantante. Eran otros tiempos. Años en los que reinaba la armonía en la familia. Nada hacía presagiar aún el drama que tendrían que vivir Rocío y su hermano David tras la separación de sus padres (en 1999), así como tras la muerte de la chiponera en 2006. Después de aquello, el cisma familiar fue tan grande que la estabilidad se hizo trizas.

La familia, lo primero

El resto de la historia la conocemos todos. A día de hoy, Rocío y su madre llevan siete años sin hablarse. Una situación que produce un gran dolor en la joven, para quien el vínculo con su familia es uno de sus pilares fundamentales. Éste era también una de las prioridades de Rocío Jurado. Aún siendo una estrella de ámbito internacional, siempre se apoyaba en los suyos. No cabe duda de que la nieta de la tonadillera es, en cierta manera, un reflejo de su abuela. A continuación repasaremos los principales rasgos que Rocío Flores ha legado de ella.


1Dos mujeres apasionadas

Tanto la abuela como la nieta son mujeres apasionadas. Lo dan todo por la persona amada. Jurado tuvo dos grandes amores en su vida: Pedro Carrasco, padre de Rociíto, con el que se casó en 1976. Se les rompió el amor 13 años después. Se separaron en 1989. Pero la vida brindaría a la artista un nuevo amor: José Ortega Cano, con el que contrajo matrimonio en 1995 y con quien adoptó a José Fernando y Gloria Camila cuatro años más tarde. La pareja permaneció unida hasta la muerte de la cantante, en 2006. «Prefiero el amor por encima de todas las cosas, la pasión para mí va unida con el amor», explicaba Jurado poco antes de fallecer.

Rocío, por su parte, lleva tres años de relación con Manuel Bedmar. Un joven tímido y discreto, que prefiere mantenerse al margen de los focos, como lo era en su día el boxeador y primer marido de la Jurado.


2Dispuestas a disfrutar siempre de cada instante

Tal y como hemos comprobado en los Cayos Cochinos Rocío tiene una gran capacidad de disfrutar de los pequeños instantes. Es algo que su abuela también hacía. La intérprete exprimía con igual gusto su tiempo en los escenarios como los momentos de ocio. Sus inicios fueron duros. Antes de trabajar sobre los escenarios, la Jurado trabajó en el campo «cogiendo patatas y chícharos». Una etapa que se le hizo «muy dura». Por eso apreciaba con un valioso tesoro poder dedicarse a cantar, que era lo que mejor sabía hacer.


3Dos mujeres con carácter

Una anécdota de la biografía de Rocío Jurado que da fe de su fuerte temperamento es que, siendo adolescente, se plantó un día en casa pidiendo que quería dedicarse al espectáculo. «No había manera de salir adelante», recordaba en una entrevista con Jesús Hermida. Por eso, a pesar de su juventud, impuso en su casa que quería hacer era cantar. «Siempre he tenido mucho genio, así que me declaré en una huelga de hambre» , recordaba. De esa huelga de hambre salió por fin el permiso para ir a Madrid a trabajar con las 8.000 pesetas que me dio su abuelo.

El genio de Rocío Flores en ‘Supervivientes 2020’ ha salido a flote cuando ha tenido que hablar alto y claro en sus enfrentamientos con Yiya, o en sus enfados con José Antonio Avilés… o en sus primeras decepciones con Ana María Aldón. 


4Sin miedo a mostrar sus emociones en público

Tener los sentimientos a flor de piel es otro de los rasgos que Rocío ha heredado de su abuela. Las dos son de lágrima fácil: tienen la misma capacidad de conmoverse rápidamente ante los más diversos sentimientos y emociones.


5Atentas a los pequeños detalles

«Ahora todo tiene mucho más valor, cada día que amanece es un regalo. Al levantarte y ver el milagro de la vida es el mejor espectáculo del mundo, ver amanecer y saber que estás dentro de ese espectáculo». Fueron algunas de las declaraciones de Rocío Jurado en su última entrevista con Jesús Quintero, emitida el 10 de enero del 2006. La misma filosofía de vida tiene la joven Rocío, quien sabe apreciar los pequeños detalles de la vida.


6Se crecen ante la adversidad

Otra de las cosas que comparten abuela y nieta es que los contratiempos no pueden con ellas. Las dos han encontrado piedras en el camino. Han flaqueado, han llorado y se han derrumbado. Pero, al final, han logrado ponerse de nuevo en pie. A luchadoras no las gana nadie.


7Conscientes de su papel como personajes públicos

Vivir expuesto a la atención constante del foco mediático requiere de unas hechuras especiales. No todo el mundo está preparado para estar en primera línea. Rocío ha demostrado tener el mismo hacer como personaje público que ‘la más grande’: siempre en su lugar, con la palabra precisa y la medida exacta al hablar en público. Sin hablar de menos y sin hablar de más.


8Un vínculo incondicional por la familia

He aquí el punto fuerte de estas dos mujeres de raza. Para la Jurado la familia siempre fue lo primero. Adoraba a sus padres, a sus abuelos, así como a sus hijos y a quienes fueron sus parejas. Para la joven, sus seres queridos también son el pilar de su vida. Por eso se tambalea cada vez que recuerda el doloroso distanciamiento que la separa de su madre.


9Vanidosas y coquetas

«Soy resultona y me arreglo bien», confesaba Rocío Jurado, que se consideraba una mujer coqueta. «Me gustan los detallitos, la picardía», decía. Al igual que ella, a su nieta le gusta lucir bien. Por eso, a sus 23 años ya se ha sometido a algún retoque para mejorar el aspecto de su rostro y sus facciones. De tal palo, tal astilla.


10El amor, por encima de todo

Qué ciertas son las palabras que pronunció Rocío Jurado sobre el amor: «Lo más grande que hay en el mundo es el amor, por él se pierde la cabeza y todo». Con tanto fervor quiso la Jurado a los suyos que aún hoy lloran su pérdida. Su recuerdo es imborrable. Y su huella en los miembros de su estirpe sigue viva. Prueba de ello es el cariño con el que su nieta la recuerda: «Siempre es importante recordar algo, lo más importante es lo que perdura y nuestras familias son eternas». 



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