a mi hijo le arruinaron la vida en el cole

Cuando Luisa entró por la puerta, Marga ya estaba esperando sentada en una esquina de la cafetería tomando una tila. Luisa pidió otra. “Estoy un poco nerviosa”, dijo. “Yo también, no te preocupes”, respondió Marga cogiéndola del brazo.

Ambas han accedido a contarnos el caso de sus hijos, que sufrieron acoso escolar. “Si con nuestro testimonio ayudamos a alguna familia, nos damos por satisfechas”, coinciden las dos. “Comienzo yo”, dice Marga.

“Hace tres años que mi hijo J y yo dejamos Rumania para comenzar una nueva vida en España. Encontré trabajo sirviendo en una casa, alquilamos un piso y J empezó a ir al colegio. Como era extranjero, entró en el aula de Enlace y al año siguiente, se incorporó a 1º de la ESO. Pensaba que ya se había adaptado y que todo sería más fácil, pero no fue así. J es un niño bueno, pero muy infantil, inmaduro…

A veces dice cosas sin pensar porque quiere agradar. Siempre ha estado pegado a mí y más aún desde que su padre y yo nos separamos. Veía que no tenía amigos, que nadie le invitaba a su cumpleaños ni le llamaba por teléfono, pero pensaba que necesitaba más tiempo. Él me decía que todo estaba bien.
bullying

Yo llegaba tan cansada a casa que había días que casi ni le veía… Me preocupaban más sus notas, que no eran buenas. Cuál fue mi sorpresa cuando a final de curso, dos madres me comentaron que sus hijos les habían dicho que había niños que maltrataban a J. Los profesores se enteraron a la vez y me llamaron.

Ahí descubrí el infierno que había pasado mi hijo. Había estado recibiendo golpes, empujones, zancadillas… por parte de compañeros. Una vez, le llamaron desde el patio y cuando se asomó a la ventana, cerraron de golpe la persiana…

Si hacían grupos, nadie quería estar con él y le rompían cosas. Hasta le pusieron un mote, Patricio, como el personaje de Bob Esponja, porque decían que era tonto como él. Le arruinaron la vida… (Marga tiene que parar unos segundos porque la voz se le quiebra). Cuando le pregunté por todo esto, me dijo que ‘solo quería tener amigos y si le pegaban, se aguantaba’.

Los responsables del colegio no se dieron cuenta, solo veían que no se integraba y no puedo recriminarles nada, yo tampoco lo hice. En cuanto lo supieron, iniciaron un protocolo. Entre los acosadores, había un líder y los demás observaban, reían, participaban… Hubo expulsiones de días para todos y el cabecilla fue cambiado de centro. Fue justo, pero no me consoló. Luego, el colegio ha estado pendiente de J y no ha vuelto a repetirse. Él lo ha superado, yo, aún no”.

Tras escuchar el relato, Luisa da un abrazo a Marga, que ha roto a llorar. Es su turno. Respira hondo y comienza. “P siempre fue un niño feliz, comunicativo, sensible, cariñoso y con la sonrisa perenne en la boca. Allá a donde iba, hacía amigos. Los problemas comenzaron en 4º de la ESO cuando algunos compañeros empezaron a decir que tenía pluma, a insultarle y a burlarse de él.

P nunca me dijo nada, pero notaba que algo pasaba, porque la sonrisa se borró de su boca y no hablaba. Llegué a pensar que podía ser un primer amor no correspondido. Sus notas, siempre buenas, ahora eran excelentes. Un día me llamaron del cole para decirme que algunos compañeros se habían quejado del trato que un grupo estaba dando a P. Cuando hablé con mi hijo, sentí que se había hecho mayor de golpe.
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Me dijo que el año anterior lo había pasado fatal, pero que se había hecho fuerte y acostumbrado a que le llamaran maricón y le hicieran pasillo mientras le daban collejas. (Marga coge la mano de Luisa para que siga). Los acosadores fueron expulsados unos días, pero como no había pruebas definitivas, no recibieron el castigo merecido. Hoy, P es un alumno excelente y lo más importante, feliz. Yo también”.

Cómo detectar y prevenir el ‘bullying’ en los colegios

A labor de los profesores es fundamental a la hora de detectar el acoso en las aulas. Paulina Fernández, profesora de Secundaria en un colegio concertado de la Comunidad de Madrid, nos cuenta cómo es el protocolo que siguen.

Es difícil detectar el bullying, porque el acosador evita hacerlo en situaciones en las que el profesor le puede ver. Los trabajos cooperativos y recreos son muy útiles para detectar problemas. Si notamos algo raro, lo primero preguntamos a los niños qué ha pasado y luego hablamos con el tutor, que pide a todos los profesores que estén pendientes. Si se confirman indicios, el tutor informa a dirección y se entrevista a los chicos, padres y compañeros.

¿Hay acoso?

Se designa a dos profesores como vigilantes para que anoten en un documento lo que hacen los chicos y se avisa al inspector de zona y a los agentes tutores (policías municipales). Con estos datos y las entrevistas realizadas, se hace una reunión para ver si ha habido acoso. Para ello, tiene haber una situación de abuso que se repita en el tiempo.

En el proceso, el centro, la familia, el inspector y los agentes deben estar muy coordinados.
Cuando se termina el proceso, se impone la sanción, que puede ir desde expulsión durante unos días a definitiva. Si son casos muy graves, van a Fiscalía de Menores.

La familia es fundamental: si los padres hacen entender a su hijo que lo que ha hecho está mal, este responde mejor. Cuando ha pasado todo, hay que hacer un seguimiento, hablar con los alumnos y se aconseja al acosador que vaya a terapia.

Pero lo ideal es prevenirlo desde antes y ahí el papel del tutor es básico. Se pueden hacer dinámicas de sensibilización para que se pongan en el lugar del otro, proyectarles películas, vídeos…También hay programas como Sociescuela, de la Comunidad de Madrid, en el que los alumnos rellenan un cuestionario anónimo muy útil para saber si han visto acoso, quienes están aislados, con quién se llevan mejor y peor o quiénes son líderes positivos.



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