El discurso del Rey: Felipe VI se lo juega todo a una carta

Llegó el día D y la hora H. Felipe VI ha estado atrincherado en Zarzuela mientras el país se desangra por el coronavirus. No le queda más remedio que salir y dar la cara. Este rey no puede echar mano del rédito. No lo tiene. Eso marca la diferencia con su padre. ¿Estamos ante el final de la monarquía en España? El país recibirá sus palabras en medio del ruido de cacerolas.

El día D y la hora H de Felipe VI

> Felipe VI ha permanecido atrincherado en Zarzuela mientras el mundo lidia con una de las crisis sanitarias más importantes que se recuerdan. La situación en España es grave. Al final, el rey no ha podido seguir escondido. Llegó el día D y la hora H para Felipe VI. Ante sí, un panorama desolador. Una crisis mal gestionada y que no es nueva. Hace años que Corinna Larsen amenaza con hacer públicos esos documentos personales que tanto afectarían a la familia real. Nada nuevo bajo el sol. Se antoja increíble la explicación del rey sobre que era ajeno a los tejemanejes económicos de Juan Carlos.

La situación de Felipe VI es más complicada de lo que parece. No tiene rédito alguno del que tirar. Esto le diferencia del rey Juan Carlos. El monarca contribuyó a traer la democracia al país. Hizo lo que tenía que hacer en ese momento. Posteriormente, desplegaría una actividad importante en aquellos viajes al extranjero en los que era acompañado por empresarios. Se trataba de abrir mercados cuando nadie daba un duro por el país. No en vano, estábamos marcados por el estigma de los cuarenta años de retraso.

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Situación límite en Casa Real

Es cierto que Juan Carlos ha tenido muchos beneficios a lo largo de su reinado. Uno de los más importantes no se mide en dinero, sino en tranquilidad. El pacto no escrito por el que la prensa no metía las narices en cuestiones de intimidad. Esa no injerencia le permitió campar a sus anchas. Cuentan y no acaban sobre sus correrías en Palma. Lo explicó muy bien Jesús Cacho en El negocio de la libertad. Juan Carlos se escapaba de palacio por la noche para encontrarse con la dama del rumor. No quería guardaespaldas. Sin duda, una situación de grave peligro que no dudó en propiciar llevado por la pasión.

No cabe duda que el núcleo de asesores de Felipe VI es duro. Un auténtico búnker de ideas militares. Cuentan que Mariano Rajoy intentó disuadirle de que pronunciara aquel discurso sobre Catalunya. Felipe no escuchó. Conviene aquí recordar que cuando estalló la guerra civil, Juan de Borbón, su abuelo, quiso unirse al bando nacional. Le detuvieron al entrar en España. Franco le dijo que la situación pasaría y que los españoles preferirían un rey que no se hubiera significado con ninguno de los dos bandos.

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El caballo de Troya no era Letizia

> Sin rédito, atrincherado en Zarzuela, Felipe VI lo tiene muy difícil. Esta noche el país recibirá sus palabras en medio de ruido de cacerolas. No parece que esta salida sea voluntaria. Todo indica que Pedro Sánchez se ha convertido en su Tony Blair y le ha dicho que los ciudadanos esperan un gesto. Igual que sucedió cuando falleció Lady Di. El entonces premier británico tuvo que convencer a la reina Isabel para que mostrara un poco de empatía y afecto.

Al final, el caballo de Troya ha resultado ser Corinna Larsen, no Letizia, como temía Juan Carlos I. Ella, que soñaba con ser reina, ha contribuido a que muchos se pregunten si debe realizarse un referéndum acerca de la continuidad de la monarquía. Tampoco hay que perder de vista que el mensaje de la rubia tiene bastantes claroscuros. Hace años que llama a las puerta de palacio amenazando con hacer pública información comprometida. Asegura que su seguridad y la de sus hijos están en juego.  Ciertamente, cuesta creer. Yo la creo despechada y con un doble fondo que asusta. ¿Debería ya parar de chantajear?

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